En algunos lugares de Europa, el invierno todavía se ilumina con fuego.
En Portugal se levantan hogueras enormes delante de las iglesias. En los Pirineos, la llama baja de la montaña en Nochebuena. En Italia, cientos de personas recorren las calles cargando antorchas de varios metros sobre los hombros. En Serbia, uno de los protagonistas de la Navidad es un roble.
Y cuando las fiestas navideñas terminan, el fuego no desaparece.
En Escocia, un barril en llamas recorre un pueblo para celebrar el Año Nuevo el 11 de enero. En Austria aparecen figuras con enormes tocados iluminados durante la última de las Rauhnächte. Y en febrero, decenas de hogueras vuelven a encenderse junto al mar del Norte.
Son tradiciones muy distintas, pero todas tienen algo en común: el fuego sigue reuniendo a la gente en algunos de los momentos más oscuros y fríos del año.
Estas son algunas de las que todavía puedes conocer en Europa.
Dónde se viven estos rituales de fuego en Europa
De Portugal a Letonia y de Escocia a los Alpes: explora los lugares relacionados con las tradiciones del artículo.
Algunas tradiciones se celebran en varias localidades o en una región amplia. El mapa señala lugares representativos mencionados en el artículo.
| Tradición | Dónde y cuándo | Qué vas a encontrarte |
|---|---|---|
| Madeiro de Natal | Portugal · Navidad | Una enorme hoguera en pleno pueblo que puede seguir ardiendo durante días. |
| Fia-Faia | Bagà y Sant Julià de Cerdanyola · 24 diciembre | El fuego baja de la montaña y termina convertido en grandes antorchas por las calles. |
| Hailhes de Nadau | Landas · Navidad | Fuegos y antorchas vinculados tradicionalmente a los campos y las cosechas. |
| ‘Ndocciata | Agnone · 24 diciembre | Cientos de personas cargando antorchas que pueden alcanzar varios metros. |
| Badnjak | Serbia · 6 enero | El roble entra en la celebración de Nochebuena y acaba convertido en fuego. |
| Burning of the Clavie | Burghead · 11 enero | Un barril en llamas por las calles y restos carbonizados que se guardan para atraer buena suerte. |
| Bluķa vilkšana | Letonia · Solsticio | Un tronco que simboliza lo que se quiere dejar atrás y que termina en una hoguera. |
| Glöcklerlauf | Ebensee · 5 enero | Cencerros, ropa blanca y enormes estructuras iluminadas sobre la cabeza. |
| Biikebrennen | Frisia del Norte · 21 febrero | Más de sesenta grandes hogueras encendidas junto al mar del Norte. |
| Funkensonntag | Área alemánica · Inicio de Cuaresma | Enormes torres de madera ardiendo y, en algunas localidades, una Funkenhexe en lo alto. |
Hogueras y rituales de fuego en Navidad
Madeiro de Natal: una hoguera que puede arder hasta Reyes
En muchas localidades del interior de Portugal, la Navidad todavía tiene una enorme hoguera como punto de encuentro.
Es el Madeiro de Natal.
Durante los días anteriores se recoge madera y se transporta hasta el centro del pueblo, a menudo junto a la iglesia. Allí los troncos van formando una gran pila que espera a ser encendida alrededor de Nochebuena.
En Penamacor, además, preparar el Madeiro forma parte de la fiesta.
Cada año interviene la Malta do Ano, formada tradicionalmente por jóvenes que cumplen veinte años y tienen raíces en la localidad. Tractores y remolques cargados de madera llegan hasta el entorno de la Igreja Matriz y los troncos van acumulándose frente al templo.
Para ellos no es una Navidad cualquiera. Han visto hacerlo a generaciones anteriores y ese año les toca ocupar su lugar.
Después llega el momento del fuego.
El Madeiro de Penamacor se enciende durante la noche del 23 al 24 de diciembre y puede seguir ardiendo durante días, incluso hasta Reyes.
Eso significa que la hoguera no acompaña solamente unas horas de celebración. Durante buena parte de la Navidad sigue ahí, en medio del pueblo, como un lugar al que volver a acercarse.
La tradición está muy unida a la Navidad cristiana y al simbolismo de calentar al Niño Jesús, pero también hay algo muy sencillo detrás de ella: reunirse alrededor del fuego en pleno invierno.
Y si el Madeiro te llama la atención, Penamacor no es el único lugar donde buscarlo. Este tipo de hogueras navideñas aparece en diferentes zonas de Trás-os-Montes, las Beiras y el Alto Alentejo.
Fia-Faia: el fuego baja de la montaña en Nochebuena

La Fia-Faia empieza antes de que el fuego llegue al pueblo.
Cada 24 de diciembre se enciende primero una hoguera en la montaña, en la zona por la que se pone el sol.
Desde allí, los fallaires llevan la llama hasta Bagà y Sant Julià de Cerdanyola.
Y entonces el fuego se multiplica.
Con esa llama se encienden las faies, grandes antorchas vegetales que pueden superar los dos metros. Los fallaires recorren las calles con ellas mientras las llamas van consumiéndolas.
Cuando empiezan a deshacerse, los restos se reúnen formando pequeñas hogueras y la fiesta continúa alrededor del fuego, con bailes y juegos.
Además, la Fia-Faia tiene su propia canción:
«Fia-faia, que nostro Senyor ha nascut a la paia».
El fuego que comenzó en la montaña termina así en medio de una celebración completamente navideña.
Quizá la imagen más bonita de la fiesta sea precisamente esa: una única llama que baja hasta el pueblo y termina convertida en decenas de antorchas.
La Fia-Faia se celebra en Bagà y Sant Julià de Cerdanyola y forma parte de las fiestas del fuego de los Pirineos reconocidas como patrimonio cultural inmaterial.
Hailhes de Nadau: recorrer los campos con fuego
En la antigua Gascuña, algunos fuegos de Navidad no se encendían para permanecer quietos.
Se llevaban por los campos.
Las Hailhes de Nadau podían tomar distintas formas: hogueras, haces vegetales encendidos o antorchas que recorrían las propiedades durante la Nochebuena.
En algunos lugares, una persona caminaba con el fuego mientras cantaba o pronunciaba fórmulas tradicionales.
¿Para qué?
Para proteger la tierra y favorecer las futuras cosechas.
La imagen tiene algo especial: en pleno invierno, con los campos aparentemente detenidos, el fuego los recorre pensando ya en aquello que tendrá que volver a crecer.
Y esta tradición todavía no ha desaparecido.
Las Hailhes de Nadau pueden verse en distintos puntos de las Landas, entre ellos Saint-Sever, Montfort-en-Chalosse, Capbreton, Vieux-Boucau y Biscarrosse.
‘Ndocciata de Agnone: antorchas de hasta cuatro metros sobre los hombros

La Nochebuena en Agnone, en la región italiana de Molise, tiene bastante poco que ver con una tranquila procesión de velas.
Aquí las antorchas pueden alcanzar cuatro metros de altura.
Son las ‘ndocce, grandes estructuras hechas con abeto blanco y retama que los habitantes de las distintas contrade preparan para la celebración.
Algunos participantes cargan una sola.
Otros unen varias hasta formar enormes abanicos de fuego que apoyan sobre los hombros.
Y después empiezan a caminar.
Al caer la tarde, los grupos recorren Agnone con las antorchas encendidas mientras suenan las campanas de la localidad. Cientos de portadores participan en la celebración y las calles se llenan de llamas.
Cada Navidad hay personas que siguen construyendo esas antorchas, aprendiendo a cargarlas y saliendo con ellas a recorrer su pueblo.
La celebración tradicional tiene lugar el 24 de diciembre, aunque Agnone puede organizar también otra gran ‘Ndocciata durante el mes.
Badnjak: un roble en el centro de la Navidad serbia
En Serbia, la Nochebuena tiene un protagonista inesperado: un roble.
El badnjak es tradicionalmente un árbol joven o una rama que se corta el 6 de enero y se lleva hasta el hogar.
Su llegada va acompañada de gestos y deseos relacionados con la salud, la prosperidad y el bienestar de la familia.
Durante mucho tiempo, el badnjak perteneció sobre todo al espacio doméstico. La madera entraba en la casa y terminaba en el fuego del hogar.
Hoy muchas viviendas ya no tienen ese tipo de chimenea, pero la tradición no ha desaparecido.
Parte de ella ha salido a las calles.
En ciudades y pueblos pueden verse grandes encendidos comunitarios de badnjak frente a iglesias y en otros espacios públicos, donde las familias se reúnen alrededor del fuego.
La Navidad cristiana le dio además su propia historia: las llamas recuerdan el fuego que, según la tradición, habría calentado a los pastores de Belén.
Pero el roble sigue dando a la celebración una personalidad muy particular.
No es solo un tronco que se quema. Es un árbol que se corta, se lleva a casa, recibe a la familia y acompaña deseos para el año que empieza.
Rituales de fuego relacionados con el cambio de año
Burning of the Clavie: un Año Nuevo que llega el 11 de enero
En Burghead, una pequeña localidad de la costa escocesa, el Año Nuevo vuelve a celebrarse el 11 de enero.
Y lo hace con un barril en llamas.
La Clavie se construye alrededor de un barril que se llena con madera y otros materiales combustibles. Después se enciende y comienza su recorrido por las calles.
La estructura ardiente va pasando por el pueblo hasta llegar a Doorie Hill, dentro del espacio donde se encontraba la antigua fortificación de Burghead.
Allí termina consumiéndose.
Cuando el fuego ha hecho su trabajo, algunas personas buscan entre los restos trozos carbonizados de la Clavie para llevárselos a casa.
Tradicionalmente se considera que traen buena suerte para el nuevo año.
La fecha del 11 de enero está relacionada con el antiguo Año Nuevo y el cambio de calendario en Gran Bretaña, aunque los fuegos de Burghead aparecen documentados ya en el siglo XVII.
Y el escenario añade otra curiosidad a la historia: Burghead fue uno de los principales asentamientos pictos de Escocia.
Bluķa vilkšana: arrastrar lo malo del año hasta una hoguera
El bluķa vilkšana letón tiene una idea muy sencilla detrás.
Se arrastra un tronco.
Puede rodear una casa, una propiedad o pasar de un lugar a otro acompañado por quienes participan en la celebración.
Pero el tronco no es simplemente un trozo de madera.
Simboliza las dificultades y desgracias acumuladas durante el año.
Después de cargar con ellas durante el recorrido llega el momento final: el tronco se quema.
Todo aquello que representa termina desapareciendo entre las llamas antes de empezar un nuevo ciclo.
La costumbre forma parte de unas celebraciones del invierno mucho más amplias en las que aparecen canciones, danzas, máscaras, comida y otros rituales.
El bluķa vilkšana todavía puede verse en celebraciones públicas y actividades culturales de Letonia, incluidas algunas organizadas en Riga y en el Museo Etnográfico al Aire Libre.
Glöcklerlauf de Ebensee: cencerros y enormes luces en la última Rauhnacht

La noche del 5 de enero, en Ebensee, aparecen por las calles unas figuras que probablemente obligarían a cualquiera que pasara por allí sin saber nada a detenerse y mirar.
Son los Glöckler.
Visten completamente de blanco y llevan grandes cencerros.
Pero lo que más llama la atención está sobre sus cabezas.
Las Lichterkappen son enormes estructuras iluminadas decoradas con dibujos geométricos, edificios y diferentes escenas. Algunas son auténticas construcciones de luz.
Los Glöckler recorren las calles cargando con ellas mientras suenan los cencerros.
Y la fecha añade todavía más ambiente.
El 5 de enero es la última de las Rauhnächte, las noches del invierno alpino alrededor de las que se concentran historias de espíritus, criaturas, supersticiones y costumbres.
El Glöcklerlauf, curiosamente, no tiene miles de años. La tradición que conocemos comenzó a desarrollarse en Ebensee durante el siglo XIX y después se extendió por otros puntos del Salzkammergut.
Hogueras para despedir el invierno
Biikebrennen: más de sesenta hogueras junto al mar del Norte

Para cuando llega el Biikebrennen, la Navidad hace tiempo que ha terminado.
Pero el invierno todavía sigue ahí.
Cada 21 de febrero, más de sesenta grandes hogueras se encienden en Frisia del Norte, desde las islas de Sylt, Amrum y Föhr hasta las Halligen y otras localidades de Schleswig-Holstein.
Durante unas horas, el fuego aparece por toda la costa.
Los vecinos se reúnen alrededor de las hogueras, hay discursos, en algunos lugares todavía en frisón, y después llega la comida compartida.
Los fuegos se han relacionado tradicionalmente con la protección de las nuevas siembras y con la expulsión de aquello que podía resultar dañino antes de la llegada de la primavera.
Y existe además una historia especialmente bonita alrededor de ellos.
Durante mucho tiempo se contó que las hogueras se encendían para despedir a los balleneros antes de que partiesen hacia el mar.
Esa explicación se hizo popular sobre todo en el siglo XIX, pero encaja tan bien con el paisaje de las islas que terminó formando parte de la forma en que se cuenta el Biikebrennen.
Hoy lo importante ocurre cada 21 de febrero: decenas de fuegos encendidos casi al mismo tiempo frente al mar del Norte.
Funkensonntag: una hoguera gigantesca con una bruja en lo alto
El primer domingo después del Miércoles de Ceniza, en Vorarlberg y otras zonas del ámbito germánico aparecen enormes torres de madera. Son los Funken.
Durante los días anteriores se preparan las estructuras y, cuando llega la noche del domingo, se les prende fuego.
Algunas alcanzan varios metros de altura. Y en ciertas localidades hay una figura esperando en lo alto: la Funkenhexe. La «bruja del Funken». Las llamas comienzan en la parte baja de la estructura y van subiendo hasta alcanzarla. Finalmente, la figura desaparece entre el fuego junto con el resto de la pira.
Los fuegos en estas fechas tienen una historia muy larga. Hay referencias medievales relacionadas con este tipo de celebraciones y una especialmente llamativa del año 1090, cuando un disco de madera ardiendo terminó provocando un incendio.
La famosa bruja, en cambio, parece haber llegado mucho más tarde, probablemente durante el siglo XIX.
Eso significa que lo que vemos hoy mezcla elementos de épocas distintas: un fuego con siglos de historia y una figura que terminó convirtiéndose después en una de las imágenes más reconocibles de la fiesta.
El Funkensonntag se celebra alrededor del final del Carnaval y el comienzo de la Cuaresma, cuando el invierno empieza poco a poco a dar paso a otra estación.
Y pocas formas de despedirlo resultan tan espectaculares como levantar una enorme torre de madera y verla desaparecer entre las llamas.
¿Por qué el fuego es tan importante en los rituales?
Después de pasar por todas estas fiestas aparece una pregunta difícil de evitar: ¿por qué el fuego?
¿Por qué una hoguera en Portugal, antorchas en los Pirineos, un roble en Serbia, un tronco que se arrastra por Letonia y enormes piras en Alemania?
Quizá la primera respuesta sea la más sencilla: durante siglos, el fuego era imprescindible para vivir. Daba calor en invierno. Permitía cocinar. Iluminaba cuando llegaba la noche. El hogar era literalmente uno de los lugares alrededor de los que se reunía una familia.
No sorprende demasiado que algo tan presente en la vida cotidiana terminara entrando también en los rituales.
Pero el fuego tiene además unas características muy particulares.
Ilumina.
Durante las semanas más oscuras del año, una llama cambia completamente un espacio.
Protege.
En diferentes tradiciones europeas, el fuego y el humo aparecen relacionados con la protección de personas, animales, casas y cultivos.
Las Hailhes de Nadau recorrían los campos pensando en las futuras cosechas. El Biikebrennen también conserva esa relación con la protección de las nuevas siembras.
Transforma.
Un tronco desaparece y termina convertido en ceniza.
El bluķa vilkšana utiliza precisamente esa imagen: aquello que pertenece al año que termina se lleva hasta el fuego y se deja allí.
Y el fuego también reúne.
Lo hacía alrededor del hogar doméstico y sigue haciéndolo en las enormes hogueras de Penamacor, frente a las iglesias serbias o junto al mar del Norte.
Por eso no es extraño que acabara asociado a momentos en los que algo cambia: una Navidad, un Año Nuevo, el final del Carnaval, la llegada de una nueva estación.

¿Qué relación tienen el fuego, el invierno y las antiguas creencias europeas?
El fuego no empezó a tener un significado especial con estas fiestas.
Mucho antes, ya aparecía en las religiones y mitologías europeas.
En la antigua Grecia, Hestia estaba ligada al hogar y a su fuego.
En Roma encontramos a Vesta, cuyo fuego sagrado estaba relacionado con la propia comunidad romana.
Y en la tradición lituana aparece Gabija, vinculada al fuego doméstico. Las brasas podían cubrirse para que el fuego «durmiera», despertarse después y recibir pequeños gestos de respeto.
Son culturas, épocas y creencias diferentes, pero hay algo que se repite: el fuego no era simplemente una herramienta.
Podía proteger.
Podía representar la casa.
Podía acompañar un cambio.
Podía reunir a una comunidad.
Y en invierno todo eso adquiere todavía más sentido.
Las noches son largas. La tierra parece detenida. El año termina y empieza otro. Hay fiestas en las que se pide prosperidad, se recuerda a la familia, se piensa en las futuras cosechas o simplemente se vuelve a reunir todo el pueblo.
Entonces aparece una llama.
A veces baja de una montaña.
A veces recorre un campo.
A veces arde durante días delante de una iglesia.
A veces convierte un tronco en ceniza o ilumina una enorme estructura sobre la cabeza de un Glöckler.
Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de recorrer estas tradiciones: descubrir cuántas formas distintas ha encontrado Europa de reunirse alrededor del mismo elemento.
Además, el fuego no desaparece cuando termina el invierno.
Vuelve a encenderse en primavera y verano, en Beltane, en las hogueras de San Juan, en fiestas religiosas y en antiguos calendarios agrícolas.
La historia continúa.
Porque, después de tantos siglos, seguimos reuniéndonos alrededor del fuego.
Fuentes consultadas
- Madeiro de Natal, Freguesia de Penamacor
- Fia-Faia, Generalitat de Catalunya
- Halhas de Nadau, Occitanica
- ‘Ndocciata, ICPI
- Badnjak, Serbia Travel
- Burning of the Clavie, Burghead
- Bluķa vilkšana, Latvian Ethnographic Open-Air Museum
- Glöcklerlauf, Austrian UNESCO Commission Historia del Glöcklerlauf — Salzkammergut
- Biikebrennen, Deutsche UNESCO-Kommission
- Funkensonntag, Universidad de Innsbruck




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