Cascais suele asociarse a playas, casas elegantes y paseos junto al Atlántico, pero algunas de las curiosidades de Cascais cuentan una historia bastante diferente.
A pocos minutos del centro, el océano entra con fuerza en una cavidad conocida como Boca do Inferno, alrededor de la cual nació una leyenda de hechiceros y amantes perseguidos. En 1930, Aleister Crowley eligió precisamente ese lugar para fingir su propia muerte con la complicidad de Fernando Pessoa. Y bajo las calles de Cascais se esconden unas cuevas utilizadas como necrópolis miles de años antes de que los reyes portugueses llegaran a pasar aquí los veranos.
El mar aparece una y otra vez. Primero como sustento y amenaza para los pescadores; después como lugar de recreo de la corte y campo de estudio para el rey Carlos I. Incluso una de las tradiciones más arraigadas de Cascais abandona cada año las calles para continuar en barco sobre el Atlántico.
Vamos a empezar por la historia que mejor representa esa otra cara de Cascais.
Boca do Inferno: una grieta abierta frente al Atlántico
Al salir del centro de Cascais en dirección a Guincho, la costa cambia rápidamente. La bahía queda atrás y aparecen plataformas de roca caliza, grietas y acantilados mucho más expuestos al oleaje.
En ese tramo se encuentra la Boca do Inferno.
Su aspecto actual tiene una explicación geológica. El agua fue erosionando la roca y creando cavidades hasta que parte del techo terminó por derrumbarse. El océano continúa entrando a través de una abertura y, cuando las condiciones del mar son fuertes, el agua golpea el interior y sale convertida en espuma. El ruido puede llegar a ser tan intenso como su nombre hace imaginar.
No sorprende que un lugar así acabara generando sus propias historias.
La leyenda del hechicero y los amantes
Existen distintas versiones de la leyenda de la Boca do Inferno, aunque la más extendida habla de un hombre con poderes mágicos que vivía en un castillo próximo a la costa.
El hechicero decidió que quería casarse con la mujer más hermosa que pudiera encontrar. Cuando la joven fue llevada ante él, quedó fascinado por su belleza, pero descubrió que ella no sentía lo mismo.
Los celos hicieron el resto.
La encerró en una torre y encargó a uno de sus caballeros que vigilara la entrada. Durante un tiempo, el guardián cumplió sus órdenes sin conocer siquiera a la prisionera. Hasta que la curiosidad pudo más y decidió subir.
El encuentro cambió la historia.
El caballero comenzó a visitar a la joven y entre los dos surgió una relación que terminó convirtiéndose en amor. Sabían que mientras permanecieran allí no podrían estar juntos, así que prepararon la huida.
Una noche abandonaron la torre a caballo y siguieron la línea de los acantilados.
Pero el hechicero descubrió lo que estaba ocurriendo.
Según la tradición, utilizó sus poderes para provocar una fuerte tormenta. Las rocas se abrieron bajo los fugitivos y el caballo y los dos amantes desaparecieron en el mar. Aquella enorme abertura nunca volvió a cerrarse y desde entonces habría recibido el nombre de Boca do Inferno. La historia se conserva en diferentes versiones dentro del folclore asociado a Cascais, aunque no conocemos ningún castillo relacionado históricamente con este episodio ni hay documentos que permitan situar a sus protagonistas.

Lo inesperado es que la Boca do Inferno también fue escenario de una desaparición real. O, al menos, de una desaparición preparada para parecerlo.
Aleister Crowley y Fernando Pessoa: el suicidio que nunca ocurrió
En septiembre de 1930 llegó a Lisboa Aleister Crowley, escritor, ocultista y una de las figuras más controvertidas del esoterismo europeo del siglo XX.
Fernando Pessoa llevaba un tiempo manteniendo correspondencia con él. El poeta portugués tenía un conocido interés por la astrología y otras corrientes esotéricas, y el contacto entre ambos había comenzado antes de que Crowley decidiera viajar a Portugal.
Se encontraron en Lisboa el 2 de septiembre de 1930.
Tres semanas después, Crowley desapareció.
Una desaparición cuidadosamente preparada
El 23 de septiembre, Crowley dejó de dar señales de vida.
Pocos días después aparecieron junto a la Boca do Inferno objetos y una carta que parecían apuntar hacia un suicidio. El escenario ayudaba a hacer creíble la historia: una abertura profunda entre los acantilados, el Atlántico debajo y ninguna posibilidad aparente de encontrar un cuerpo con facilidad.
La prensa comenzó a interesarse por el caso y se realizaron averiguaciones para determinar qué podía haber ocurrido.
Pero Crowley no había muerto.
Fernando Pessoa y su amigo Augusto Ferreira Gomes participaron en la puesta en escena que alimentó la supuesta desaparición. Crowley consiguió salir de Portugal y unas semanas después reapareció en Berlín, donde asistió a la inauguración de una exposición de sus propias pinturas.
El episodio tenía mucho de provocación, juego y construcción consciente de misterio. La documentación que se conserva permite reconstruir buena parte de lo ocurrido, aunque algunos detalles y las motivaciones exactas han seguido siendo objeto de estudio.
Pessoa llegó incluso a trabajar con aquel material para un proyecto de ficción policial relacionado con la Boca do Inferno, prolongando en la literatura una historia que ya había mezclado deliberadamente realidad y representación.
No es la única historia extraña que se esconde muy cerca del centro de Cascais. Para encontrar la siguiente hay que dejar la costa y mirar bajo tierra.
Grutas do Poço Velho: una necrópolis bajo Cascais

Las Grutas do Poço Velho se encuentran junto a la Ribeira das Vinhas, a unos quinientos metros de su desembocadura en la Praia da Ribeira.
Su posición resulta especialmente curiosa porque están prácticamente integradas en la localidad. Sobre ellas se extienden calles y edificios; debajo permanece una red natural de galerías utilizada por seres humanos desde tiempos prehistóricos.
El geólogo Carlos Ribeiro las exploró por primera vez en 1879. Los sedimentos revelaron materiales que abarcan un larguísimo periodo, desde el Paleolítico hasta la Antigüedad tardía.
Los hallazgos más importantes corresponden al Neolítico y al Calcolítico, durante los milenios IV y III a. C.
En aquella época, las cuevas fueron utilizadas como necrópolis.
Más de un centenar de enterramientos
Las excavaciones permitieron identificar más de cien enterramientos y recuperar un importante conjunto de objetos funerarios: piezas de piedra pulida y tallada, cerámicas, adornos, placas decoradas de esquisto y pequeños artefactos votivos de caliza.
Es una parte de la historia de Cascais que suele quedar eclipsada por la imagen de la localidad que se desarrolló a partir del siglo XIX.
Muchísimo antes de las villas de verano y de la llegada de la corte, estas cavidades ya formaban parte de la vida, y de la muerte, de las comunidades asentadas en la zona.
Con el tiempo, el desconocimiento sobre la extensión real de las galerías favoreció la aparición de otras historias.
Los túneles que supuestamente llegaban hasta el mar
Durante años circularon relatos según los cuales las Grutas do Poço Velho escondían pasadizos mucho más largos de lo que parecía.
Se decía que algunas galerías podían llegar hasta Guincho e incluso comunicarse con la Boca do Inferno.
Las exploraciones arqueológicas han permitido conocer un espacio mucho más limitado. El recorrido acondicionado de las grutas tiene alrededor de cincuenta metros, de modo que aquellos interminables túneles pertenecen al imaginario que se fue creando alrededor de un lugar oculto durante mucho tiempo bajo Cascais.
La arqueología ha resultado bastante más interesante que el rumor: bajo la población no apareció un pasadizo hasta el Atlántico, pero sí una necrópolis utilizada hace varios miles de años.
Cascais antes de los reyes: una villa de pescadores

Para comprender muchas de estas historias hay que recordar que Cascais no nació como el elegante destino costero que conocemos hoy.
Durante la segunda mitad del siglo XII era todavía una pequeña población de pescadores y agricultores dependiente administrativamente de Sintra. La bahía ofrecía buenas condiciones para la actividad pesquera, aunque la proximidad al mar también exponía esta parte de la costa a ataques de piratas y otros peligros.
La pesca fue adquiriendo cada vez más importancia y Cascais terminó creciendo alrededor de su puerto.
El 7 de junio de 1364, Pedro I de Portugal concedió a la población la categoría de villa y la separó de Sintra. Seis años después se delimitó su término municipal, muy próximo ya al territorio que tendría posteriormente el concejo.
Su posición era buena para pescar y comerciar, pero también estratégica. Quien se aproximaba por mar hacia Lisboa podía pasar frente a esta costa, de modo que durante los siglos siguientes se fueron reforzando castillos, fuertes y sistemas de vigilancia.
Esa primera Cascais marinera todavía estaba muy lejos de convertirse en lugar de vacaciones de la aristocracia portuguesa.
El cambio llegó en el siglo XIX y empezó, precisamente, por una nueva manera de relacionarse con el mar.
Cuando la corte portuguesa descubrió Cascais

Durante el siglo XIX, los baños de mar comenzaron a ponerse de moda entre las clases acomodadas europeas, primero relacionados con ideas terapéuticas y después como parte de una nueva cultura del ocio.
Cascais reunía varias ventajas. Estaba cerca de Lisboa, mejoraron sus comunicaciones por carretera y tenía playas protegidas en las que resultaba sencillo pasar temporadas estivales.
En septiembre de 1867, la reina María Pía eligió Cascais para disfrutar de los baños de mar. La presencia de la familia real se consolidó pocos años después.
En 1870, la antigua residencia del gobernador situada dentro de la Ciudadela fue adaptada como Paço de Cascais y la corte comenzó a instalarse allí de manera estacional.
La transformación fue rápida. Alrededor de los reyes llegaron aristócratas, políticos y familias acomodadas. Se construyeron nuevas residencias y chalets, aumentaron las necesidades de alojamiento y Cascais empezó a desarrollar la arquitectura de veraneo que todavía forma parte de su identidad.
La familia real utilizaba las playas de la propia villa. Luís I y María Pía frecuentaban la Praia da Ribeira, mientras que los príncipes se bañaban en la antigua Boca do Asno, hoy conocida como Praia da Rainha. También eran habituales las excursiones hacia la Guia y Guincho, la vela, la pesca o los paseos a caballo.
Aquella relación de la monarquía con el océano tomó una dirección diferente con su hijo Carlos.
Carlos I y las primeras investigaciones oceanográficas
Carlos I de Portugal sentía un gran interés por el mar y por la investigación científica.
Entre 1896 y 1907 promovió doce campañas oceanográficas, para las que fue adaptando distintas embarcaciones de recreo bautizadas sucesivamente con el nombre de Amélia. Buena parte de los trabajos se desarrollaron frente a la costa de la Guia, en la desembocadura del Tajo y en la zona de Sesimbra.
No se limitaba a recoger ejemplares.
En 1896 instaló en el Paço Real de Cascais un laboratorio de biología marina equipado con tanques en los que podían mantenerse vivas algunas de las especies obtenidas durante las campañas. Fue una instalación pionera en Portugal y convirtió a Cascais en una de las bases de las primeras investigaciones oceanográficas del país.
Cerca de la Ciudadela se encontraba además el Marégrafo de Cascais, instalado por primera vez en 1882 y trasladado unos treinta metros hasta su emplazamiento actual en 1900.
El aparato registra las variaciones del nivel del mar mediante un sistema mecánico de flotador, reloj y cilindro. Sus datos sirvieron para establecer referencias altimétricas utilizadas en Portugal y siguen teniendo interés científico por la extensión temporal de sus registros.
Parte de esta historia puede conocerse hoy en el Museu do Mar Rei D. Carlos y en los espacios relacionados con la antigua Ciudadela, pero dejaremos la visita detallada para la guía de Cascais.

La relación con el océano también se conserva fuera de los museos, en una tradición vinculada directamente a las antiguas familias de pescadores.
Nossa Senhora dos Navegantes: una procesión por tierra y por mar
La Procissão de Nossa Senhora dos Navegantes es una de las tradiciones más ligadas a la identidad marinera de Cascais.
La celebración actual se remonta a 1942, año en el que finalizaron las torres de la Igreja dos Navegantes y salió en procesión una imagen de Nossa Senhora dos Navegantes. Existen, sin embargo, noticias de celebraciones religiosas anteriores relacionadas con la comunidad marítima, de modo que la devoción hunde sus raíces en prácticas más antiguas.
La procesión comienza en tierra.
Los andores recorren las calles hasta llegar a la Praia da Ribeira, donde las imágenes son trasladadas a embarcaciones. A partir de ahí el cortejo continúa por mar en dirección a la zona de la Guia.
Allí se realiza uno de los ritos centrales de la celebración: se recuerda a los pescadores fallecidos, suenan las bocinas de los barcos y se arrojan flores al océano. Después las embarcaciones regresan a Cascais.
La tradición fue reconocida como patrimonio cultural inmaterial de interés municipal en 2015 y en 2023 quedó inscrita en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial de Portugal.

Aunque la forma actual de la procesión pertenece al siglo XX, mantiene algo esencial de la antigua Cascais pesquera: la relación entre las familias, el trabajo en el mar y el recuerdo de quienes no regresaron.
La leyenda de Guincho
La Boca do Inferno no es el único lugar de esta costa que ha generado leyendas.
En torno a Guincho se han recogido diferentes relatos para explicar el nombre de la playa. Una de las versiones habla del grito de un caballo que cayó al mar junto con su jinete cerca de la Boca do Inferno. Según el relato, el sonido habría sido tan fuerte que llegó hasta la playa y habría dado origen a su nombre.
La historia es mucho más sencilla que la leyenda de los amantes de la Boca do Inferno, pero muestra hasta qué punto las formas del litoral, el ruido del viento y la fuerza del oleaje han ido entrando en el folclore de Cascais.
Otras curiosidades de Cascais y su costa

Hay otra parte menos legendaria de esta relación con el mar.
Durante siglos, la costa de Cascais tuvo una gran importancia defensiva debido a su posición en los accesos marítimos a Lisboa. Especialmente a partir del siglo XVII se desarrolló un sistema de fuertes y baterías que se extendía desde Guincho y Cabo Raso hasta Cascais y Estoril.
Algunos desaparecieron y otros sobrevivieron transformados en museos, faros o edificios con nuevos usos. Entre los que todavía ayudan a reconocer aquel antiguo paisaje defensivo están el Forte de São Jorge de Oitavos, Santa Marta y la propia Ciudadela de Cascais.
Es fácil pasar junto a ellos pensando únicamente en la arquitectura. Su posición explica bastante bien para qué fueron construidos: todos miran hacia el mismo lugar del que podía llegar el peligro.
Gastronomía marinera de Cascais
La historia pesquera también dejó su huella en la cocina.
Pescados, mariscos, pulpo, sardinas y caldeiradas forman parte de una gastronomía ligada al producto que llegaba diariamente desde el Atlántico. La presencia posterior de la corte añadió otras influencias y algunas preparaciones quedaron relacionadas con personajes y episodios de la Cascais aristocrática.
Entre los dulces locales destacan las areias de Cascais, pequeñas pastas de textura quebradiza cuyo nombre recuerda precisamente a la arena de las playas.
En nuestra guía de qué ver en Cascais encontrarás más elementos de la gastronomía típica, junto con los lugares imprescindibles, las playas y una ruta para recorrer Cascais en un día.
Dónde seguir estas historias en Cascais
Muchas de estas historias están vinculadas a lugares que todavía existen.
La Boca do Inferno permite conocer el escenario de su leyenda y de la falsa desaparición de Crowley. Las Grutas do Poço Velho conservan el pasado prehistórico bajo el centro de la localidad. La Ciudadela está relacionada con la llegada de la familia real y con las investigaciones de Carlos I, mientras que el Marégrafo sigue siendo una pieza singular de la historia científica de Cascais.
La Praia da Ribeira continúa además siendo uno de los escenarios principales de la Procissão de Nossa Senhora dos Navegantes.
Preguntas frecuentes sobre las curiosidades de Cascais
¿Qué curiosidades esconde Cascais?
Cascais reúne historias muy diferentes: la leyenda de la Boca do Inferno, el falso suicidio de Aleister Crowley con la colaboración de Fernando Pessoa, una necrópolis prehistórica bajo el centro, la llegada de la corte portuguesa en el siglo XIX y antiguas tradiciones relacionadas con los pescadores y el mar.
¿Cuál es la leyenda de la Boca do Inferno?
Según la tradición, un hechicero encerró a una joven en una torre. El caballero encargado de vigilarla se enamoró de ella y ambos intentaron escapar a caballo. Al descubrir la fuga, el hechicero provocó una tormenta que abrió las rocas y los amantes desaparecieron en el mar. La historia pertenece al folclore de Cascais y ofrece una explicación legendaria del origen de la Boca do Inferno.
¿Qué ocurrió entre Aleister Crowley y Fernando Pessoa en Cascais?
En septiembre de 1930, Aleister Crowley fingió haberse suicidado en la Boca do Inferno. Fernando Pessoa y Augusto Ferreira Gomes participaron en la escenificación y ayudaron a alimentar la noticia de su desaparición. Crowley había abandonado Portugal y reapareció posteriormente en Berlín. A diferencia de la leyenda de la Boca do Inferno, este episodio está documentado.
¿Qué esconden las Grutas do Poço Velho?
Las Grutas do Poço Velho conservan restos arqueológicos de diferentes periodos y fueron utilizadas como necrópolis durante el Neolítico y el Calcolítico. Se han identificado más de un centenar de enterramientos. Durante años circularon además historias sobre supuestas galerías que llegarían hasta Guincho o la Boca do Inferno, aunque esas conexiones pertenecen al imaginario local.
¿Por qué la familia real portuguesa eligió Cascais como lugar de veraneo?
Durante el siglo XIX, los baños de mar se pusieron de moda entre las clases acomodadas europeas. En 1867, la reina María Pía eligió Cascais para disfrutar de ellos, y en 1870 el rey Luís I comenzó a utilizar la antigua residencia del gobernador dentro de la Ciudadela como residencia de verano. La presencia de la corte atrajo después a aristócratas y familias acomodadas, que construyeron sus propias villas alrededor de la localidad.
¿Qué es la Procissão de Nossa Senhora dos Navegantes?
Es una tradición vinculada a la comunidad pesquera de Cascais. La procesión comienza por las calles y continúa en el mar, donde las imágenes religiosas son trasladadas a embarcaciones. Durante el recorrido se recuerda a los pescadores fallecidos y se arrojan flores al agua. Desde 2023 está inscrita en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial de Portugal.
Cascais más allá de sus playas
Conocer estas historias cambia bastante la imagen habitual de Cascais.
La Boca do Inferno deja de ser únicamente un mirador junto a la costa cuando sabemos de dónde nace su leyenda y qué ocurrió allí con Crowley y Pessoa. Poço Velho descubre un pasado mucho más antiguo de lo que sugieren las calles del centro, mientras que la corte y las investigaciones de Carlos I explican buena parte de la transformación que vivió Cascais durante el siglo XIX.
Lo interesante es que todas esas historias siguen estando muy cerca unas de otras. A veces basta con alejarse unas calles de la bahía, bajar a una cueva o continuar caminando por la costa para encontrar una historia que no se percibe a primera vista.
Y quizá ese sea uno de los mejores motivos para mirar Cascais con algo más de tiempo: detrás de su imagen luminosa junto al Atlántico hay bastante más de lo que parece.
Fuentes consultadas




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